Viticultura

La viticultura moderna se enfrenta a un punto de inflexión. La degradación de la estructura del suelo, la variabilidad climática impuesta por el clima mediterráneo, la presión sobre los recursos hídricos y la pérdida de biodiversidad ponen en tela de juicio la resiliencia y la viabilidad de los sistemas vitícolas en diversas regiones del mundo, con una alta incidencia en el sur de Europa. Este escenario exige más que una respuesta técnica: impone un cambio de paradigma.

La viticultura regenerativa propone precisamente eso: un enfoque que combina los principios de la ecología con la planificación, la gestión y la evaluación de los sistemas productivos. Su premisa central es sencilla: no basta con reducir los impactos negativos, es necesario restaurar los ciclos naturales y devolver la vitalidad al suelo y al paisaje agrícola.

Este enfoque se distingue de modelos como la agricultura ecológica o la producción integrada por situar el suelo vivo como elemento central. Un suelo funcional es más que un sustrato físico: es un organismo complejo, con millones de interacciones entre microorganismos, raíces, agua, materia orgánica y minerales. La estructura y la dinámica de este suelo determinan, en gran medida, la expresión del viñedo, la calidad de la uva y la longevidad del sistema.

En la práctica, esto implica una gestión orientada a la estabilidad biológica, en lugar de a la respuesta inmediata. La presencia de una cubierta vegetal permanente y diversificada se vuelve esencial, ya que protege el suelo de la erosión, aumenta la materia orgánica y favorece el desarrollo de la fauna auxiliar. La introducción controlada de pequeños rumiantes en el pastoreo rotativo puede utilizarse para integrar cultivos y movilizar nutrientes de forma natural.

El compostaje, junto con la biofertilización con extractos botánicos y preparados microbiológicos, reduce la dependencia de insumos externos y activa procesos de reciclaje de nutrientes a nivel de la explotación agrícola y de la región. La poda y la gestión de la copa, cuando se basan en la fisiología de la planta y no solo en objetivos productivos, contribuyen a reducir el estrés de la vid y a estimular mecanismos de autorregulación. Por último, la monitorización continua de la microbiología del suelo, la dinámica del agua y los nutrientes en las plantas, mediante sensores e indicadores biológicos, permite una toma de decisiones más ajustada y preventiva.

En el contexto de la viticultura mediterránea, estas prácticas han demostrado avances significativos en términos de eficiencia hídrica, resistencia al estrés térmico, reducción de tratamientos fitosanitarios y mejora de la calidad fenólica y aromática de las uvas. Es más, han contribuido a la valorización del territorio y a la reconexión entre los viticultores y los procesos naturales que sustentan la producción.

La viticultura regenerativa también invita a una lectura más sistémica del paisaje. Un viñedo regenerativo no existe de forma aislada: se integra en un mosaico agrícola y ecológico más amplio, donde se cruzan zonas forestales, corredores ecológicos, áreas de retención de agua y espacios de uso múltiple. Por lo tanto, la planificación regenerativa requiere un enfoque interdisciplinario que combine la agronomía, la ecología, la ingeniería del suelo, la climatología y el conocimiento empírico local.

Desde el punto de vista económico, el modelo regenerativo tiende a reducir la dependencia de insumos externos, aumentar la estabilidad de la producción a lo largo del tiempo y crear productos con mayor valor añadido, no solo por su perfil organoléptico, sino también por el compromiso medioambiental que los sustenta.

Se trata, por tanto, de una estrategia de mitigación y adaptación climática, con beneficios directos para la competitividad de la viticultura de calidad, que tiene como objetivo producir bienes agrícolas con mayor valor añadido y observa la productividad desde la perspectiva de la rentabilidad por unidad de superficie en lugar de la cantidad por unidad de superficie.

Si la agricultura del futuro tiene que ser eficiente, resiliente y neutra en carbono, entonces la viticultura regenerativa representa una de las vías más prometedoras. No se trata solo de una tendencia, sino de una respuesta técnica y ética a los retos contemporáneos de la agricultura. Regenerar el suelo es regenerar el sistema que depende de él, incluyendo el vino y quienes lo producen.

Sobre el autor Renato Neves es viticultor y enólogo en la región de Alentejo y actualmente dirige la producción del proyecto vitivinícola de Herdade das Servas, centrado en prácticas regenerativas, innovación tecnológica y sostenibilidad agroecológica. Es cofundador del Regenerative Wine Fest y ha contribuido a la implementación de la agricultura regenerativa en el sector vitivinícola de Portugal.

Renato Neves – Herdade das Servas